Lucas, deja que te diga lo que siento y lo que pienso cada vez que te veo ser futbolista con la camiseta del Real Madrid. Siento el mismo orgullo que unos padres pueden tener por un hijo. Pienso que eres todos y cada uno de los madridistas haciendo su sueño realidad.

Esa manera tuya de llevar el escudo, formando parte de ti, haciéndolo algo tuyo. Esa forma de defenderlo, dentro del campo, enfrentándote cara a cara con el rival de turno, y fuera del terreno de juego, poniendo en su sitio a los periodistas y al antimadridismo. Eres uno de los nuestros, eres tan verdadero, tan auténtico y tan terrenal que vemos en ti a un amigo. Al mejor amigo que se pueda tener, ese que en cualquier circunstancia siempre está, ese capaz de partirse la cara por el otro.

 

Todavía te veo en Milán, jugando con el balón mientras te acercas al punto de penalti, como en la calle, casi silbando una canción. Nos enseñaste el escudo después del gol y fue como mostrarnos tu corazón, que es tan madridista como el mío.

 

Deja que te diga que no eres promesa, sino que te has convertido en ídolo, en el espejo en que se pueden mirar todos aquellos que tengan como firme propósito hacer historia con el mejor club del mundo. Siempre silencioso, acatando cualquier situación, en las buenas y en las malas. Nunca has levantado la voz porque eres amigo de tus compañeros, porque nunca perjudicarías en tu beneficio al Real Madrid. Titular o suplente, tu comportamiento es ejemplar y tu compromiso, indudable. Y además de todo eso, sales al campo, al que sea, en España o en Europa y te pones a jugar como si cogieras otra vez el balón en Milán y te estuvieran esperando tus amigos en el parque.

 

Tan natural, sin artificios, tan de andar por casa, con esa sonrisa de no haber roto nunca un plato pero sí la cintura al que encares, dispuesto a enfilar la portería contraria, levantar la cabeza y hacer gol o regalárlo. Te siento muy nuestro, muy propio, salido de nuestras entrañas y forjado en otras tierras para demostrar que eras capaz de ser campeón de Europa. En esas andas de nuevo, porque no hay dos sin tres y te empeñaste en Múnich de que así sea, porque tu madridismo es el mío y quieres que todos seamos tan felices y dichosos como tú.

 

Sudas la camiseta, la manchas de cualquier cosa excepto de vergüenza. Corres como si te fuera la vida en ello, porque en realidad es tu vida, es tu sueño, consciente tú de que eres un privilegiado y conscientes nosotros de que es un privilegio tenerte. Mi aplauso para tu fútbol, mi admiración para tu madridismo y mi cariño para tu persona.

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