Yo siempre he sido muy de Arbeloa, huelga decirlo, no por su fútbol, pues el defensa blanco no fue nunca uno de esos futbolistas que enamora por sus cualidades sobre el terreno de juego, aunque suele hacer gala de solvencia y ha cumplido con su trabajo allí donde se le ha necesitado. Esta temporada sus participaciones han sido escasas y hasta un fallo suyo nos costó ceder dos puntos en el Vicente Calderón, cuando el Madrid casi mascaba una victoria que hace unos años que no se produce. Pero Arbeloa le pone voz al madridismo y sienta cátedra cuando abre la boca delante de los micrófonos enemigos.

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Álvaro abrazó el mourinhismo en aquellos años en los que todos fuimos uno, antes de que el rebaño se fuera desperdigando y la división entre la afición se convirtiera en una realidad. Quedan restos de aquellos días entre muchos madridistas y Arbeloa es el futbolista de la primera plantilla que más nos representa en ese sentido. No tira de tópicos, no responde a las preguntas de los periodistas con la intención de quedar bien con todo el mundo, ni con el periodismo, ni con la afición, ni con el rival. Arbeloa está muy por encima de todo eso. Habla con sentido, tirando a dar, expresando lo que la mayoría sentimos, defendiendo a la afición y al club.

 
Ejerce de capitán sin necesidad de lucir el brazalete. Arbeloa es un ejemplo de compañerismo y así lo volvió a demostrar hace unos días, poniendo la mano en el fuego por Benzema, hablando del corazón de Karim y mostrándonos el suyo al hacer partícipe al equipo del caluroso abrazo a Cheryshev en el partido ante el Malmö. Eso es arropar a los compañeros, eso es tener mentalidad de club y una idea muy acertada de lo que debe ser un vestuario.

 
El madridismo esperaba expectante que alguien, de una vez por todas, pusiera en su sitio al niñato Gerardo Piqué. Fue Arbeloa otra vez. El veterano defensa blanco le asestó al jugador azulgrana una dosis de realidad, haciéndole ver su obsesión enfermiza por el Real Madrid y dejando en poca cosa la época más gloriosa de los del país imaginario pues, como dijo Álvaro, ni ganándolo todo durante años consecutivos han logrado igualar la grandeza del club de Concha Espina.

DALLAS, TX - JULY 29:  Alvaro Arbeloa of Real Madrid in actions during the pre-season between Real Madrid and Roma at Guinness International Champions Cup 2014 game at Cotton Bowl on July 29, 2014 in Dallas, Texas.  (Photo by Helios de la Rubia/Real Madrid via Getty Images)

DALLAS, TX – JULY 29: Alvaro Arbeloa of Real Madrid in actions during the pre-season between Real Madrid and Roma at Guinness International Champions Cup 2014 game at Cotton Bowl on July 29, 2014 in Dallas, Texas. (Photo by Helios de la Rubia/Real Madrid via Getty Images)

Me gustan los futbolistas así, que se mojan sin hacer el ridículo, como Piqué, que hablan sin esperar favores a cambio, disparando verdades irrefutables, sacando datos incuestionables. Futbolistas que hacen un todo de su profesión, que no tienen miedo al qué dirán, que se posicionan de lado de sus principios, sin traicionar sus ideales a la espera de favores mediáticos. Arbeloa me defiende de los ataques al Real Madrid sin frases hechas, sin hacernos escuchar un discurso mil veces repetido. Sale al paso y va repartiendo guantazos con nombres y apellidos, sin esconderse. Asi debería ser siempre un capitán del Real Madrid, alguien que da la cara y que defiende los intereses del club y de la afición por delante de los suyos personales, sin buscar amigos donde sólo desean el mal del equipo, ni en otro club ni en la prensa. El Real Madrid no tiene amigos más allá de su domicilio social y de sus aficionados. Lejos de nosotros, el Madrid sólo encuentra enemigos deseosos de vernos caer. Arbeloa se enfrenta a ellos, les cuenta la verdad a la cara, en su cara, y después se va a cenar y a la cama con la satisfacción del trabajo bien hecho.

 
El madridismo de Arbeloa es mi madridismo, me identifico con él, me representa y me defiende. Puede que en el campo no tanto, pero fuera del verde es mi capitán sin brazalete.

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