Ojalá Cristiano durase para siempre. Ojalá su competitividad quedara en el vestuario del Real Madrid una vez que él ya no esté y los jugadores venideros se impregnaran de ella antes de salir al campo. Ojalá sus piernas fueran eternas, que no se acabara nunca esa manera suya de noquear rivales, de romper la red, de asfixiar defensas, de levantar a la afición y a su equipo.

 

Ojalá su chispa permaneciera encendida, que ilumine a los que vengan, que su voracidad, su canibalismo sea un ejemplo para no desfallecer, para no dejar de intentarlo, para levantarse una y otra vez.

No le temo a nada. No tengo miedo porque en mi equipo juega Cristiano Ronaldo y sé que con él siempre habrá sobre el campo profesionalidad, ferocidad, máxima tensión y, seguramente y como mínimo, un gol. Cuando me encuentro frente al abismo, aparece él arrojando luz, sustituyendo la oscuridad por la alegría más arrebatadora, por el grito que aprendí.

 

A su gran talento le dibujó su físico y de ahí, a la excelencia, que sólo se logra vistiendo la camiseta del equipo de fútbol más importante del mundo. Ojalá no se acabara nunca. Ojalá fuera eterna esa tortura mental y física a la que somete a los rivales a los que se enfrenta. Ojalá siga haciendo que los porteros claudiquen. Ojalá el desquicie que provoca en las aficiones rivales fuera para siempre.

 

Luchador infatigable, ejemplo de perseverancia, dominador del área, hambriento de victorias, insaciable en el gol, coleccionista de récords. No es un mago con el balón, no hechiza cuando lleva la pelota en sus pies. Cristiano es más rudimentario. Es un diamante en bruto del músculo. Disciplinado, voluntarioso, sus virtudes innatas se resumen en la mentalidad que le sumó a su talento. Preparó su cabeza para ser el mejor futbolista del mundo y, a base de trabajo, lo logró.

 

Cristiano es tan humilde que sólo nos muestra su prepotencia. Es tan listo que no da pistas sobre su capacidad intelectual. Vive sus fallos igual que sus aciertos, con la misma intensidad. Los guarda y espera que llegue el día para poder resarcirse. Es entonces cuando deja que el balón se pose en la red y pide calma con su zancada. Y te indica que ahí está él otra vez, hablando sobre el campo, en su idioma favorito. Que no le pites, imbécil, que no se lo merece, que no vas a volver a ver nada igual en tu vida.

 

Ojalá Cristiano se quedara como está, en el día de hoy, que no envejeciera más. Ojalá su físico acompañara a su dureza mental. Ojalá su compromiso y fortaleza queden como legado. En un mundo lleno de posibilidades, sólo hay un Cristiano Ronaldo. Un titán que no volveremos a ver por muchos años que pasen. El Real Madrid es un traje hecho a su medida. A nadie le queda mejor que a él.

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