En mi casa se ha visto Real Madrid TV desde el primer día de emisión. Hace muchísimos años ya de eso. Los entrenamientos se podían ver enteros y, si no recuerdo mal, la cuota mensual para poder ver el canal de los madridistas era de quinientas pesetas. He podido ver cómo pasaban por las tertulias personajes de la talla de Alfredo Relaño, Pedro Pablo San Martín, Vicente Del Bosque, Roncero, Manu Sainz, Carmen Colino…y no sigo porque estoy empezando a sudar al recordarlo. Pero lo que más recuerdo de aquellos años es “En el corazón de la Octava”. Fue el primer documental del Real Madrid tras ganar un título y por lo novedoso del formato es el que más me marcó. Recuerdo especialmente a Geremi y McManaman ser dueños de una simpatía extraordinaria.

 

El estreno de “En el corazón de la Undécima” nos ha dejado tocados a todos, a los madridistas porque nos ha dado de lleno en el sentimiento y a los antis porque han vuelto a rabiar como el 28 de mayo. Casi dos horas de documental en el que el madridismo te envuelve y te desnuda de cualquier otra cosa. Mientras yo lo veía pensaba eso. ¿Acaso soy alguna cosa más en la vida aparte de madridista? Me sorprendí llorando, me sorprendí queriendo que marcáramos el segundo gol y volví a sufrir en los penaltis como si no los hubiera visto cincuenta veces ya. Como Florentino y como Zidane yo también sudé sin haber jugado.

 

Ahora quiero que venga un socio del Madrid y le explique a cualquiera de esos madridistas que salen al final del documental, desde cualquier parte del mundo,  que su madridismo no vale tanto como el suyo porque no tiene un carné que lo acredite como tal, porque no vive en Madrid y porque no ha ido nunca al Bernabéu. Que se lo explique un socio de esos amargados hasta cuando ganamos un título. Es increíble la fuerza del Real Madrid, hasta dónde llega, los sentimientos que maneja. Somos universales. El Madrid no es de nadie, es de todos los que lo sentimos.

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“Que corran ellos”, decía Zidane. Hasta para alcanzarnos en títulos tienen que correr. Somos unos privilegiados por ser madridistas. Nadie en el mundo tiene la posibilidad de ver y sentir un documental como el que anoche se estrenó. Termina una con ganas hasta de ir a la Cibeles. “Morimos juntos” gritaba Sergio Ramos de primavera. Y fue verdad. Casi eran las doce de la noche de aquel mes de mayo cuando ellos en Milán y todos los madridistas del planeta morimos juntos y rompimos a llorar.

 

Nos une el escudo, sin importar la distancia que le separe a cada uno del Bernabéu. El sentimiento y el sufrimiento lo sentimos todos por igual. El madridista de Chamberí y el que vive en Vietnam, el que se compra la camiseta en la tienda del Bernabéu y el que sólo se puede permitir un trapo con el escudo pero lo luce con tanto orgullo o más. Somos la Copa de Europa, como dice Arbeloa. Somos sentarnos delante de la tele a ver una película que ya sabemos cómo termina, que ya hemos vivido y terminar llorando de nuevo.

 

“En el corazón de la Undécima” nos ha tocado enteros por dentro a los madridistas y a los antis lo de siempre: el hígado.

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