Hay que desinflarse el pecho del 0-3 en Turín, del golazo de Cristiano y de la ovación que, merecidamente, el Juventus Stadium le propinó. Hay que volver a poner los pies en el suelo y jugar otra vez con el corazón, empapar la camiseta de sudor y desplegar fútbol y ganas. No hay nada hecho, sólo tenemos el camino más allanado.  Seguimos en cuartos de final.

Los tipos contra los que jugamos son italianos. Pero no unos italianos cualquiera, no son de la Roma. Son caballeros juventinos, hombres dispuestos a levantar la eliminatoria, convencidos de que pueden hacerlo, hombres que no se entregan ni se marcan goles en propia puerta. Nuestra historia la escribimos nosotros. Nuestros goles los anotamos nosotros. No tenemos un plan B llamado árbitros. Todos nuestros planes somos nosotros mismos.

Noventa minutos para estar en otras semifinales. Noventa minutos para soñar con la posibilidad de una nueva final. Nuestro recorrido lleva el signo del esfuerzo, tenemos heridas en el costado de tantas veces que caímos y nos levantamos, nuestra naturaleza no es de este mundo, nuestro escudo no entiende otra cosa que no sea estar luchando hasta el final por su título predilecto. Sin confianzas, esos italianos no darán un balón por perdido.

Un equipo de fútbol no se sostiene sin su afición. El jueves queremos desayunar lágrimas de gloria, ir al bar de un atlético y pedirle que nos ponga unas semifinales para tomar. Nosotros también jugamos, desde la grada o desde casa; desde Madrid o desde el último rincón de Indonesia. Estos nervios, este sufrimiento, este sinvivir son iguales en cualquier rincón del planeta. El dolor y la felicidad no entiende de género, ni de edad, ni de nacionalidad. Todos los madridistas somos iguales ante el amor.

 

Sin confianza, pero sin miedo. Ellos son italianos y nosotros somos el Real Madrid. Aguarda el rugir de Concha Espina, el Bernabéu se pone el traje de Copa de Europa y la Cibeles se muerde las uñas. Tres goles de diferencia no son tantos cuando los italianos que vas a tener delante juegan para la Juventus y no para la Roma. Hay que tener mucho cuidado con ellos. Esta gente quiere marcar los goles en la portería de Keylor Navas.

 

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