Si el calor del madridismo que se concentra en la calle Concha Espina en los prolegómenos de cada partido grande en el Santiago Bernabéu se trasladara a la grada, el estadio sería una caldera. Si las arengas a los jugadores no se quedaran ahí, en el paso fugaz del autobús del equipo, sino que existieran durante los noventa minutos, daríamos alas en cada carrera y aliento en cada esfuerzo a los nuestros. Si no hubiera que estar sentados durante todo el encuentro, tomando fotos con una mano y comiendo pipas con la otra, sino que el público se levantara y alzara sus brazos y su voz, no me cabe duda de que los jugadores correrían hasta por aquel balón que del todo se ve imposible de alcanzar.

las-mejores-imagenes-del-real-madrid-juve
Si el ambiente en la grada fuera de comunión total, sin escucharse tímidos silbidos cuando Cristiano Ronaldo o Gareth Bale no acierten en su primer disparo a puerta en el minuto cinco de partido, todo el equipo se contagiaría de ánimo y confianza. Esos once hombres que saltarán de inicio a la alfombra que tiene por césped el Santiago Bernabéu son nuestros dioses, nuestros héroes, los portadores de nuestra felicidad cada fin de semana, por eso hay que alentarlos, volcarnos con ellos en cada acción, hacerles ver que estamos con ellos, que no son nada sin nosotros, ni nosotros sin ellos, porque sólo juntos somos más fuertes e invencibles.

 
Hay que trasladar todo el fervor y el corazón de Concha Espina al interior del Bernabéu, con cada madridista participando activamente en la animación, haciendo visibles banderas y bufandas al viento, llenando de calor y color el templo del fútbol, dejándose la voz con ese equipo que es el amor de tu vida, el primero que tuviste, a quien amarás siempre y de manera incondicional por encima de cualquier cosa: el Real Madrid Club de Fútbol.

 
Que el rival sienta la presión en sus sienes, que se note que jugamos en casa, en nuestro territorio, ese que una y otra vez han tratado de mancillar con sus proclamas ficticias de independencia y con deshonores y desprecios a España. Que sepan, y lo sepan bien, que en el Bernabéu sólo tiene cabida el madridismo y todo aquel que nos visite con el respeto por delante. No le facilitemos el trabajo al Barcelona desanimando a los nuestros con pitos y murmullos cuando una jugada no acabe de la manera esperada. No le demos tampoco ese gustazo al periodismo ni al antimadridismo.

 
Que el himno de la Décima suene atronador, cantado por todos desde lo más hondo de cada garganta, en el Bernabéu y en cada casa. Nadie más en el mundo puede entonar un himno así porque nadie más en el mundo tiene diez Copas de Europa. Sólo nosotros. El sábado juega hasta el himno.

 
Somos fieles, somos mejores, somos la historia que no deja de hacer historia, somos madridistas y somos el Real Madrid. Somo España y somos Europa. Somos América y somos Asia. Somos el mundo. Que el Bernabéu no caiga en un sueño profundo, que no se anestesie la grada ni caiga en la bajeza de regalar ovaciones gratuitas a un rival cuya catadura moral dista mucho de los valores que promulgan. Ni un minuto de tregua. La afición debe mostrar al equipo el camino del gol, el de la fe y la lucha hasta el final. Siempre hasta el final. Seamos parte activa de una victoria que deseamos con todas nuestras fuerzas, no seamos meros espectadores del mayor espectáculo del mundo.

 
Hay millones de madridistas repartidos por todo el planeta que sueñan con poder ver un partido en el Santiago Bernabéu y que, por unas circunstancias o por otras, no pueden acercarse hasta Chamartín. Por eso tú, que tienes la suerte y la posibilidad de acudir al estadio con regularidad, debes animar por todos aquellos a los que la vida o la distancia les impide alentar a su equipo. Tú, que estarás en el Bernabéu, representarás a todo ese madridismo que verá el partido desde casa o en los bares con el corazón latiendo en la boca. Tú eres todos los demás, tú eres Concha Espina, la voz y el aliento del madridismo repartido alrededor del mundo. Hazlo por el equipo, hazlo por ti, hazlo por el madridismo. Anima hasta la victoria.

 
Paula Pineda.

Share