Quizás se antojaba como la cita más complicada de cara a conquistar su trigésimo tercer título liguero, pues Balaídos aguardaba impaciente la llegada del Real Madrid como si de la final de la Europa League se tratara, pero esta Liga se ha empeñado Cristiano en ganarla y, ante eso, poco que hacer.

A pesar del once de gala -disponible- de Zinedine Zidane, el equipo de Eduardo Berizzo, en la grada por sanción mostró una presión alta desde el primer minuto ejerciendo, como viene siendo costumbre en los últimos encuentros, especial hincapié en Casemiro, figura más débil en salida de balón del conjunto blanco. Gracias a esto, a penas pudo conectar dos pases seguidos el Madrid hasta que, como siempre, apareció Cristiano. No necesitó más que un balón en la frontal del área para, con su pierna izquierda, dejar petrificado al guardameta celtiña y anotar el primero del encuentro, y de su cuenta personal. En una primera parte donde poco más se pudo rascar, el Madrid supo defenderse ante las acometidas locales.

En el segundo tiempo, y como si quisiera repetir el guión, no tardó Cristiano en aparecer en escena. Una contra llevada a cabo gracias a una magnífica conducción de Isco finalizaba, otra vez, en la pierna menos buena del portugués que, como quien repite una acción una y otra vez, día sí y día también, envió directa a la red. Entrando en la habitual anarquía propuesta por este Celta, el partido entró en un continuo ida y vuelta, y ante ese caos, John Guidetti relanzó la esperanza del Celta con un tanto de rebote. Esperanza que apenas duró un minuto, pues instantes después Marcelo dejaría una gran acción en el costado izquierdo del área para que Karim Benzema, en línea de gol, empujara a la red.

Con el partido resuelto, el Madrid comenzó a controlar a través del balón, se sintió cómodo, superior y, para finalizar, puso la guinda con un tanto, con definición exquisita, de Toni Kroos. A un solo punto queda el equipo de Zidane de levantar esta Liga. A la espera, el Málaga de un viejo conocido: Michel.

 

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