Desde la plaza que lleva mi nombre veo la vida pasar con los ojos puestos en la calle de Alcalá, sin dejar de pensar ni un momento en vosotros. Caen las estaciones, el verano que da paso al otoño y de ahí al largo invierno, donde tiemblo de frío esperando la primavera y un nuevo encuentro con los míos. Me habéis acostumbrado muy mal. Ya no soy capaz de entender los últimos días del mes de mayo sin la ilusión de volver a teneros junto a mí, de ver una nueva Copa de Europa pasando de mano en mano, alrededor de mis leones, con todo ese madridismo que me arropa con sus cánticos, sus bufandas, sus banderas y hasta sus lágrimas. Quiero que me beses la cara, Sergio, que me vistas con nuestro escudo, que vuelvan a hacerme, a hacernos, otra foto que quede para la historia.

 

Os vais a Kiev. Más lejos que nunca, más difícil que nunca, pero sé que si hay alguien que puede hacerlo sois vosotros. Que no os falte nunca la motivación necesaria, el hambre que puede con todo, las ganas. La motivación es capaz de llevaros hacia cualquier meta que parezca imposible. Yo estoy muy nerviosa, no soy de piedra. He contado cada día, cada noche desde que eliminamos a esos alemanes que me hicieron temblar de miedo.

Real Madrid’s Sergio Ramos, right, lifts the trophy next to Marcelo above the Cibeles goddess statue during celebrations in Cibeles square after winning the Champions League final, Madrid, Spain, Sunday June 4, 2017. Real Madrid became the first team in the Champions League era to win back-to-back titles with their 4-1 victory over Juventus in Cardiff Saturday. (AP Photo/Paul White)

Sueño, como todos los madridistas, con la gloria en Kiev. Puede que allí los ingleses sean más numerosos, más ruidosos y vayan mejor armados, pero si sintonizáis vuestros latidos con los del madridismo del mundo entero y ponéis vuestro fútbol al servicio de la Decimotercera, no me cabe duda de que vendréis hasta mí con ella. Os juro que me entran ganas de llorar al imaginaros otra vez aquí, levantando una nueva Copa de Europa al cielo de Madrid. Os he echado de menos durante todo un año. No me falléis.

 

Salid a luchar con determinación, sin saberos mejores, con confianza en vosotros mismos, pero sin confiarse. Miradles a los ojos, que os vean la sangre, que cada uno de vosotros cumpla con su misión y acuda en ayuda del compañero que así lo necesite, poniendo el máximo empeño en la consecución del objetivo común. Yo lo viviré desde aquí, lo sentiré como siempre. Decimotercera, qué bonito nombre tiene. Merece la pena sacrificarse por ella.

 

Quiero ver legiones de madridistas llegando hasta mí con la sonrisa más grande que el fútbol puede arrancar, mirándome ilusionados desde las anchas calles que me flanquean. Veteranos y noveles, los de siempre y los que dicen de venir a verme, a vernos, por primera vez. Esos padres con sus hijos a hombros, esos abuelos con sus nietas de la mano y un único grito en la boca: ¡Hala Madrid! ¿No os morís de ganas de volver a vivir todo eso? ¿No soñáis con ello incluso despiertos? Hacedlo posible, hacedlo Real, matadnos de felicidad.

Por nuestros ancestros, los que murieron durante aquella travesía por el desierto de treinta y dos años sin ser campeones de Europa. Por los que lograron la hazaña de conquistar el título cinco veces seguidas. Por los del 81, que cayeron en la final ante el mismo rival que hoy nos desvela. Por todos los madridistas que van a Kiev, a dejarse el alma, la voz y media vida. Por los que estarán en el Bernabéu alentando como si el equipo jugara en casa. Por todos aquellos madridistas que, desde cualquier rincón del planeta, volverán a sufrir microinfartos durante noventa minutos. Por vosotros, por la historia, por los que desean vernos caer en Europa. Por mí, que siento lo mismo que el madridismo, que lo sufro, lo vivo y lo disfruto; porque no hay cosa que desee más en el mundo que volver a verla, que volver a veros. Soy vuestra diosa. Aquí os espero.

 

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