Después de vivir una nueva noche mágica e histórica el pasado martes ante el Bayern de Múnich, el estadio Santiago Bernabéu respira en paz, tranquilo, en estado de meditación, en silencio, preparándose para lo que está por venir, cogiendo fuerza y ritmo. El domingo, el templo del madridismo volverá a albergar una gran cita, esta vez ante el Barcelona. Sabemos de lo que es capaz nuestro feudo cuando el equipo lo necesita, cuando el Madrid está falto de aliento es su afición quien pone las alas.

Volverá a vestirse de blanco, volverá a desarmarse y a rugir, excitándose su cemento ante una nueva experiencia religiosa. La euforia de la afición, la pasión del madridismo, las bufandas al viento, las banderas ondeándose con el viento, un único grito para millones de corazones: ¡Hala Madrid!

La afición es lo que le da sentido a un club, por eso cada uno de nosotros somos el jugador número doce en cada partido en Chamartín. Nosotros también jugamos, con nuestro sufrimiento y con nuestro goce. Cuando el Madrid nos convoca la afición nunca le falla, cuando el Madrid marca el estadio se levanta, cuando el Madrid pierde, el madridismo se desangra.

El Bernabéu es nuestro lugar en el mundo, el coliseo que se erige desde Madrid para el resto del planeta, donde el Real escribe su historia y el madridismo la presencia. El domingo debe volver a levantarse para empujar al equipo hacia una nueva victoria, para abrazar al de al lado en cada gol, para cantar al unísono, para vaciarse en ovaciones y hacer que el rival note nuestra fuerza en su nuca. La vida son pequeños momentos y de los más felices tiene mucha culpa el Madrid. Hagámoslo posible.

Hay que ayudar a Cristiano a hacer de las suyas, darle aliento a Marcelo en cada carrera, saborear la magia de Isco, contemplar la garra de Carvajal, la templanza de Kroos; hay que admirar el fútbol de Modric, respetar la capitanía de Ramos y darle confianza a Keylor Navas. Sin perder la pasión, sin desfallecer en el intento de tratar de remontar un resultado adverso. Que no haya silencio, que el griterío sea incesante, tratando de aplacar los nervios, ese perpetuo latido que se te sale del pecho. Eso, y no otra cosa, es sentirse madridista.

El domingo nos jugamos la Liga. El equipo y nosotros. Con el Bernabéu como testigo. Dos horas para olvidarse de la rutina, noventa minutos para dedicarlos en exclusiva al amor de nuestras vidas. Que se rasguen las gargantas, que se rompan las palmas de las manos, que se eleve nuestra bandera limpia y blanca que no empaña. Que el Bernabéu arda, que el lunes sea carnaval y que Piqué lo vea.

Share