Cuando el nombre de Rafa Benítez, en las postrimerías de la temporada, comenzó a sonar como futuro entrenador del Real Madrid, entre los madridistas se despertó la misma ilusión que nace cuando las vacaciones de verano anuncian su fin. El madridismo quería seguir apostando por Ancelotti, pero en caso de haber recambio eran muchas las voces que preferían a Klopp. Algunos, entre los que me incluyo, fantaseamos con el regreso de Mourinho. Por soñar que no quede. Total, que queríamos a cualquiera menos al que por entonces era técnico del Nápoles. Máxime cuando veíamos a la mayoría de periodistas deportivos ilusionados con el fichaje del entrenador madrileño. Ya nos imaginábamos a Benítez en el Txistu rodeado de barrigas que pudieran competir con la suya, como la de Relaño; de cerebros que podrían estar a la altura del de Messi, como el de Roncero; o de hienas que convertirían en mansos gatitos a cualquier depredador, como Lama o Burgos, por no enumerar nombres hasta el aburrimiento. El paisaje que el madridismo atisbaba en su cabeza era desolador.

Terminó confirmándose el fichaje de Benítez por el club más importante del mundo al mismo tiempo que el Nápoles se quedaba fuera de la Champions League con un penalti errado por Higuaín. De qué me suena esto? En fin…que al madridismo no le quedó otra que cerrar filas en torno al nuevo capitán del barco y en creer, sólo creer. Como dijo David Álvarez: “para los madridistas, Rafa Benítez ya es el número uno”. En efecto. Hasta a los más escépticos no les queda ya otra que encomendarse al nuevo entrenador del Real Madrid.

Llegó el día de su presentación y tras el discurso inicial de Florentino Pérez, que es siempre el mismo pero cambiando el nombre del hombre que toque destituir o presentar, Rafa Benítez salió a escena y mostró al mundo su carta de presentación: una emoción no contenida que anunciaban sus ojos vidriosos, puntas de lágrimas, madridismo vivo. Nuestro nuevo entrenador ganó una Copa de Europa con un Liverpool imberbe remontándole un 3-0 a un Milán que tenía en el centro del campo más calidad que El Corte Inglés. Fue toda una hazaña. Y Benítez no derramó ni una lágrima. Pone un pie en el Bernabéu y se emociona. Igual es madridista.

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A mí Benítez ya me ha ganado. Llega y pone su corazón al servicio del Real Madrid. Bien es verdad que con el sentimiento no se ganan partidos, pero como él mismo dijo en su primera rueda de prensa, “la clave para ganar títulos son los jugadores”. Y esto es una verdad universal en el club blanco. El Real Madrid gana cuando los jugadores quieren ganar. Yo no soy amiga de las tácticas, no creo en ellas, pero sí creo en el orden y las ganas, en el espíritu, en el alma. Y en eso, seguro que el sentimiento madridista de Rafa Benítez tiene mucho que decir.
El escritor y dramaturgo francés Jules Renard dijo que “hay gente que retira sin problemas sus palabras, como quien retira la espada del vientre de su adversario”. Ojalá Benítez consiga que, todos los que bajamos la cabeza apesadumbrados cuando el rumor de su fichaje se extendía como el humo, saquemos la espada de su orondo vientre.

Jorge Bustos apuntó en Real Madrid TV que la primera rueda de prensa de cada nuevo entrenador del Madrid es un partido y que Benítez había ganado en su primer envite. Y es cierto que ganó. Derrotó a un periodismo deportivo español que cada día huele más a muerto. Al Real Madrid le harán entrega del trofeo a mejor club del siglo XXI y los bisnietos de estos periodistas continuarán preguntando por Mourinho. No tienen remedio. Están enfermos.
El Real Madrid no disputa ningún titulo este verano, pero sí Benítez. Su segundo triunfo, después de haber derrotado, y que así siga siendo, al periodismo, debe ser sentar a Íker Casillas, pues así lo exige el madridismo inteligente y cualquiera que tenga dos ojos en la cara. Es la manera más fácil y rápida de alquitranar las autopistas de James, esas que nos llevan hacia los títulos.

Rafa Benítez es una realidad. Una realidad que hace unas semanas se nos antojaba un mal sueño. En el palco del estadio Santiago Bernabéu me ganó porque lo sentí latiendo lo mismo que yo: madridismo. Lo que más deseo es que el próximo año por estas fechas su sentimiento se haya traducido en títulos. Entonces mi amor no tendrá fin.

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