Se acababa la Liga según la portada de los periódicos si el Madrid pinchaba en Anoeta. Pero allí nos presentamos, con numerosas bajas, unas forzadas por las lesiones y otras porque al estamento arbitral se le antoja, como poniéndonos a prueba, a ver si es verdad que Zidane sigue teniendo fondo de armario, a ver si somos capaces de ganar allí donde al Barcelona le cuesta un mundo hacerlo con todos sus titulares y las decisiones arbitrales a favor.

Todas las miradas estaban puestas en Bale, a quien parte del madridismo y el periodismo entero tienen entre ceja y ceja. Gareth Frank, de quien Zizou ha dicho que hay que darle tiempo, de quien Kroos ha dicho que qué es eso de pitar a los tuyos, de quien algunos dicen que hay que venderlo; igual que la temporada pasada había que traspasar a Cristiano y ahora lo echan de menos.

 

En San Sebastián, Mayoral presentó sus credenciales, Benzema se alegró por él y Zidane por todos a la vez. Keylor no tuvo mayor trabajo que el que le dio una ridícula grada de animación que ubicaron detrás de la portería. Falló en el gol realista, tanto como Carvajal, que si no consideraba competencia a Danilo ahora que no hay nadie pisándole los talones puede seguir toda la temporada dejando que le cojan la espalda.

 

Asensio no se cansa de ser un pedazo de futbolista, lo mismo que Modric, al que ahora Maldini alaba en las retransmisiones después de decir que Cazorla era mucho mejor que él. No echamos de menos a Marcelo porque Theo lo suplió con garantías, en un alarde de potencia que más de una vez pensé que podía llevarse la ridícula grada de animación por delante. Isco trota de manera cansina, con el balón acariciando su botas y su mente trabajando a la velocidad de Bale. Así, le puso un balón al galés que sólo tenía que caer desde el cielo hasta el césped para convertirse en medio gol. Gareth corrió tras él dejando atrás al rival, su lesión y a los haters. Picó la pelota y volvió a marcar en Anoeta. Partido sentenciado y los que no veían a siete puntos sólo vuelven a vernos de nuevo a siete Copas de Europa.

 

Perder o empatar contra la Real Sociedad habría significado, después de los dos últimos empates, la disolución del club. Así lo hacían ver en los diferentes medios, que hablan más de sus deseos que de lo verdaderamente noticiable. Zidane volvió a sonreír, igual que el madridismo, que sabía que Anoeta era una prueba de fuego, no el Apoel, que casi una semana después ya se me ha olvidado de qué país es.

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