En el deporte el consenso suele ser infrecuente. En cambio, cuando se alude a la figura de Sergio Rodríguez la unanimidad es aplastante: un jugador con magia, capaz de imprimirle a sus equipos un sello personal totalmente identificable. Es cierto que hasta que su trayectoria se liga a la de Pablo Laso, esa magia quedaba circunscrita a protagonizar acciones vistosas, de gran efectismo, pero que rara vez se traducían en una constancia para sus equipos. De hecho, en la NBA vivió una etapa de ostracismo, al no contar con un técnico que exprimiera el potencial inherente a su figura.

Pablo Laso supo apostar por este base que aúna la brillantez y el talento. Con un entrenador de estas características Chacho halló su verdadero rumbo. Requería de que se confiara en él y en un estilo marcado por la genialidad, el riesgo y sus fundamentos en el bote, en el dribbling o en la asistencia de ensueño sin prácticamente observar prácticamente al compañero.

Sus decisiones individuales y de riesgo se han admitido durante todos estos años como solución a un ataque bien defendido por el adversario. Me tomo una expresión muy reiterada por Lalo Alzueta: el “Chachosistema”, una variante del juego basada en el talento natural de un jugón que ha sido respetada y legitimada por Pablo Laso.

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En la temporada 2016/2017 el Madrid no dispone de este recurso, de este antídoto contra las defensas férreas. Sergio ha decidido volver a intentar la aventura americana y va a formar parte de los Sixers. Deseamos que cuente con la titularidad y que pueda doblar muchos balones a Simmons y a Okafor. Le trasladamos la mayor de las suertes. Sin él la estructura va a ser diferente, aunque muy posiblemente el equipo será más competitivo.

Se ha vuelto a hacer. El Madrid ha vuelto a trabajar de forma diligente para hacer de la necesidad virtud. Procedo a evocar el cierre de la temporada 2013/2014. Un Madrid que había fascinado con su baloncesto se quedaba contra pronóstico sin la ACB. Un madridista como Mirotic, puro talento en ataque, versátil para jugar de cara al aro pero también con aptitudes para buscarse lanzamientos de espaldas, iniciaba su trayectoria NBA acto seguido. Como suele ser habitual, los apocalípticos desesperanzados elevaron la voz con desasosiego. Llegaban jugadores como Nocioni, Ayón o Maciulis y, la visión general era que el equipo perdería nivel, que sin Mirotic el sueño de derribar definitivamente la puerta del principal título europeo sería, a todas luces, inviable.

Quizá suena ventajista la anterior reflexión, pero me parece que, de nuevo, Alberto Herreros ha sabido construir un equipo más equilibrado, con más referentes y más versátil para hacer frente a la pérdida de Sergio. Lejos de encontrar un Raúl López en joven, para que fuera su sustituto natural, Alberto ha sabido dotar al equipo de más mecanismos tanto ofensivos como defensivos, sin perder las señas de la identidad del juego dinámico, de transición, que tanto atrae.

El puesto de base está cubierto por un uno puro que es Dontaye Draper. En sus dos años anteriores en el club –lo cual siempre facilita el rendimiento inmediato– contaba con un papel muy residual en ataque. Laso lo solía utilizar de especialista defensivo y hay que aducir a su favor que es un defensor entusiasta y aplicado, que conecta con los reclamos de la grada en ese apartado. En sus dos últimos años en Euroliga ha acreditado su nivel ofensivo. Además de lanzar los triples en el último segundo de la posesión, que era su cometido anterior en España, ha mejorado en aspectos como la lectura del juego o el contribuir a que los pivots dispongan de buenos balones. Como él ha apuntado a RMTV, ha podido progresar en la anotación. Independientemente del impulso que ha adquirido, es un jugador que sabe asumir un rol secundario. Cuestión ineludible para que se pueda presenciar la temporada de la explosión de Luka Doncic. El esloveno va a actuar de base con su 1.98. Esto ya incrementa las variantes defensivas del equipo. Con Sergio era normal que se colocara a Carroll o Taylor sobre el base contrario para tratar de que el rival no sacara ventaja de obligar a Sergio a defender en el poste bajo.

Con un base de 1.98 estos cambios no van a ser necesarios. Todos los bases rivales van a tener que extremar sus precauciones, porque van a experimentar lo que es que se tapen las líneas de pase. En ataque no se dispone del manejo de balón de Sergio, pero Doncic es el descaro personificado, no le tiembla la muñeca, penetra con fuerza y eficacia y va a generar continuos desajustes.

Llull y Doncic

Y si hablamos de las novedades de la pintura (la zona parece clave este año en Euroliga para batir a los Udoh, Antic o Freeland) pues llegan dos nombres propios totalmente complementario. Por un lado, Othello Hunter, un jugador que hacía falta en el equipo desde la marcha de Slaughter. Un perfil de intensidad, de aguantar con dureza la defensa de cualquier par. Un jugador que puede cambiar en los bloqueos y ser capaz de dificultad la acción a los jugadores de perímetro rivales. En ataque no se complica, el ex del Olympiakos aprovecha cada bloqueo y continuación para ir de forma firme a machacar el aro. Un jugador con más determinación ofensiva que Slaughter, y con más cuerpo que no se sentirá intimidado ante ninguna torre. El otro nombre es el de Anthony Randolph, una auténtica debilidad. Hunter ya conoce el baloncesto español (tuvo una pequeña incursión en Valladolid). Randolph, en cambio, debe adaptarse a la liga. El estilo de Pablo Laso casa perfectamente con sus características. Jugador espigado, coordinado, de gran envergadura, que corre la pista como si fuera un escolta. Anotador contumaz, con un lanzamiento desde muy arriba que resulta difícil de taponar. Viene de acribillar al Barcelona en la Euroliga y era, sin duda, un viejo sueño de Herreros.

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Estas novedades se unen a otros aspectos que invitan al optimismo. En los JJOO se ha observado un Rudy Fernández reestablecido de todas las molestias de espalda que le limitaron la pasada temporada. Llull y Carroll pueden ser defendidos en ocasiones por bases ya que Doncic puede que exija la defensa de un jugador de más físico como puede ser un escolta o un altero. Thompkins y Taylor deben mejorar en su segunda temporada. El primero ya realizó un tramo decisivo del playoff y es, ante todo, un jugador con recorrido que puede ejercer la función de Randolph. Ayón y Felipe van a contar con mucho espacio en la pintura en ataque, cuando Randolph abra el campo hasta distancias inimaginables. No habrá tanto tráfico en la zona en ataque y creo que la ofensiva del Real Madrid este año va a ofrecer más posibilidades para meter balones a la zona, para que Ayón, Felipe o Hunter sumen.

Y, por último, están Nocioni y Maciulis para ejercer esas labores de intendencia tan necesarias. Carácter, experiencia, intensidad, rebote y, si se tercia, buenos tiros.

Creo que la nueva confección de la plantilla le ofrece un gran margen de creatividad a Pablo Laso. Cada convocatoria será flexible según el estado físico y de cansancio de cada jugador. Y ya puestos, habrá días en los que una disposición zonal con los brazos de Randolph y de Doncic puede resultar demoledora para el rival.

En consecuencia, por lo expuesto anteriormente, creo que la marcha del jugador con más magia ha derivado en una plantilla de más empaque, con múltiples variantes, donde el entrenador podrá crear quintetos y sistemas con total impunidad. Un lujo para todos los seguidores de este equipo de leyenda. Ya hay ganas de verles en acción.

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